miércoles, 11 de abril de 2012

La belleza interior.

           Cuántas veces hemos dicho cuando queremos relacionarnos, “yo solo busco su interior” Realmente siempre hubo y habrá momentos en la historia de la humanidad en los que la belleza física está muy sobrevalorada, ensalzando en demasía su importancia.         Épocas, en la que ser atractivo era uno de los pilares más valiosos y el pasaporte de acceso seguro a los mejores beneficios y ventajas.
            Este hecho, como es natural, genera un lógico fastidio en los que, sin ser responsables de esa situación, no tenemos esas ventajas.
            Si esto no lo valoramos, sucederá lo siguiente: comenzaremos a creer que hay un solo tipo de belleza, y un solo ideal deseado. Una de las razones debemos buscarlas en la costumbre de pasar del endiosamiento a la denominación de las cosas, sus cualidades y en definitiva de su condición personal. La otra razón es en una concepción rígida de la belleza, que afortunadamente casi no tiene videncia. Ni tampoco podemos centrarnos en el concepto de lo que la mayoría estima que es deseable, hermoso o apropiado.
            Todos tenemos aspectos de nosotros mismos que nos desagradan, nos complican o nos traen problemas. En definitiva son modos de reaccionar que nos llevan a situaciones conflictivas, miedos que nos impiden vivir con mayor libertad, hábitos y costumbres que ya no nos sirven, rasgos de carácter que nos alejan de los demás y actitudes que nos impiden tener la forma que deseamos.
Seguramente todos hayamos intentado en más de una ocasión modificar estos aspectos.             Pero pronto comienzan a surgir las primeras decepciones, al reconocernos tal como somos, sentimos como si algo dentro de nosotros se rebelara contra el tan ansiado cambio, como si estuviéramos condenados a mostrarnos tal como somos.
            Creeremos, ante la menor vacilación, que el cambio es imposible y abandonamos el proceso en cuanto se produce las primeras apariciones inevitables de nuestros patrones habituales.
            No está nada mal intentar ser una mejor persona cada día, externa e internamente, ética y estéticamente hablando, pero no debemos olvidar que los valores de belleza más trascendentales son aquellos ligados a la congruencia de las personas y a su auténtico modo de ser en el mundo en que viven.

Meditación: La belleza física se marchita como la belleza de las flores más hermosas, la belleza espiritual siempre quedará grabada en lo más profundo del alma.

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