lunes, 4 de agosto de 2014

¿Somos románticos?

             Es indiscutible que la principal capacidad de sentir amor  romántico se desarrolla durante la adolescencia. Los adolescentes de todo el mundo experimentan sentimientos de atracción apasionados. El amor nos aporta más energía positiva que cualquier otro estado de ánimo. Incluso en las culturas donde no está permitido expresarse públicamente, este tipo de sentimiento, siguen estando ahí.
            Entonces, ¿por qué reservarlo sólo a la pareja? ¿Acaso pensamos en el amor como romance? El amor puede tener mil formas y procedencias: un abrazo, una mirada cómplice, una conversación telefónica, una sonrisa, una palabra amable, etc. Desarrollar sentimientos románticos y sentirse atraído por otras personas forma parte del un proceso natural de crecimiento. Estos nuevos sentimientos pueden ser excitantes y emocionantes
            Aunque para los románticos empedernidos desata un suspiro de alivio, ese amor encierra un mensaje eminentemente positivo, el cual puede sentirse y disfrutarse dentro y fuera de la pareja.  Las expectativas del amor, se propagan en todo tipo de cultura. “Amar está al alcance de todos los días, sin importar nuestro estado civil”
           Todos hemos conocido a personas encerradas literalmente, en una relación que son incapaces de finiquitar, aun cuando no les satisface. El amor romántico surge cuando se combinan la atracción y la intimidad. Muchas relaciones se desarrollan a partir de una atracción inicial y luego evolucionan hacia la intimidad.
           También puede ocurrir que la intimidad de una amistad evolucione hacia la atracción, cuando dos personas se dan cuenta de que su relación no es sólo de amigos y que han empezado a sentir un interés romántico mutuo.
           Por suerte, cada vez más gente entiende al amor considerado romántico como algo pasional, motivado por nuestras características hormonales, y se habla menos del alma. La libertad y la pertenencia se entienden a veces que el sexo y el amor por separado nos conlleva a la atracción que puede llegar a ser efímera. Este puede existir, pero no por real decreto o por restricciones emocionales.
           La locura del amor romántico, junto con la pasión y la atracción, se atenúan al cabo de un determinado tiempo. Como cuando ponemos toda nuestra energía en ganar una situación amorosa, aunque este tipo de pasión es estimulante, siempre es demasiado extrema para mantenerla eternamente. Si una relación está destinada a durar, entonces entra el juego la intimidad. Esta intensidad pasional del principio se puede atenuar, pero es sustituida por u profundo vínculo afectivo.
           Esto nos llevaría a que lo complejo del amor romántico y sus contradicciones, tienen más cabida en este modelo, que en una unión posmoderna, que nos integra y nos regula en un tipo de familia, donde figuran los divorcios como parte de las dos caras del amor. El amor romántico es una fuente de emociones compartidas que amortiguan la soledad. De esta forma las personas se sienten en comunidad de a dos, rearmándose entre los vacíos y antiguos esquemas.
            En definitiva, el amor romántico se ha vuelto a una especie de religión individualizada, que nos convierte en protagonistas de nuestra propia vida

 Meditación: Nunca conoceremos la verdadera felicidad hasta que hayamos conocido el verdadero amor. Y nunca comprenderemos el verdadero dolor hasta que lo hayamos perdido.

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