domingo, 24 de marzo de 2013

Los malos recuerdos.

              Los malos recuerdos siempre nos persiguen y nos acosan. Para escapar, caemos en la tentación de enterrarlos en lo más profundo,  aunque de esta manera aumentan el riesgo de que resurjan a veces con mayor intensidad, cuando menos lo esperamos.
            Cuando recordamos un acontecimiento emocionalmente, tanto si corresponde a un momento de sufrimiento como de felicidad, nuestro cerebro no se limita a registrar solo ese hecho. También imprime todas las señales que lo acompañan.     Suelen haber momentos en que dejan en nosotros una huella indeleble. Generalmente, los recuerdos que permanecen grabados de forma más persistentes corresponden a aquellos que durante los cuales nuestra atención se focalizó en algo, cuando nuestra percepción y nuestras acciones se restringieron o nos confundieron.
            Hoy me preguntaría: ¿cómo se  borrarían de mi memoria? Tal vez un hecho repulsivo o traumático, como una violación de amistad o quizás una asociación de ideas desafortunadamente “trazada” etc. Pero entonces, ¿por qué no cortar por lo sano y borrar todo recuerdo desagradable? ¡Parece que es imposible! Cualquiera acción nos lo recuerda. Por ejemplo; los rechazos, los reveses, los silencios, las decepciones, etc. O tal vez sería mejor borrar los recuerdos de los demás, (de aquel censor irritante, junto a ese momento inoportuno). Aunque siempre podríamos empezar de nuevo.
            Nuestro cerebro sirve, ante todo, a nuestra supervivencia. Es necesario que recordemos perfectamente los indicios que acompañaron a aquellos primeros momentos para así  evitar las consecuencias de un segundo.
           En materia de memoria, están los recuerdos “verdaderamente olvidados” y los “ocultos en vano”. Es preferible no buscar demasiadas afirmaciones sobre los “verdaderamente olvidados” porque podemos arriesgarnos a recomponer recuerdos que ya no existen y no atribuirles importancia, porque, quizás  los buenos olvidados, fueron precisamente de escaso valor.
            Todos hemos experimentado en alguna ocasión esos momentos de descodificación: ellos son cuando tenemos algo, que al verlo nos lo recuerdan. Esos son momentos de zozobra. Siempre tenemos la garantía de que nuestro cerebro pueda “archivar” cierta información durante décadas. Pero no tenemos ningún poder para retirarlo de nuestro archivo mental en el instante preciso.
            A continuación está el hecho de que, para olvidar voluntariamente un episodio desagradablemente vivido, hay que concentrarse en ese recuerdo; lo que ese motivo, le da aún más fuerza para recordarlo Es como cuando alguien quiere borrar un antiguo episodio de nuestra vida; tal vez conseguirá suprimirlo del  lugar de origen, pero no podrá hacer desaparecer las copias que se mantienen en el subconsciente al recordarlo; éstas, habrán ocupado un lugar en nuestra memoria, y actuará siempre como réplica cada vez que se recuerde, acentuando ese… ¿Por qué se actúa de esa manera? ¿Qué razón existe para qué sea así?
            Por mucho que queramos, no podemos cambiar el pasado ni las huellas que dejaron en nosotros. Pero sí podemos cambiar la parte de nuestra historia, que de nuevo comienza ahora. Pensemos siempre, si hemos vividos acontecimientos, que creemos que fueron auténticos, por mucho que los rechacemos; en algún momento es posible que “ellos” nos ayudarán y nos beneficiarán en algunas circunstancias comprometedora.

Meditación: Los recuerdos son los cabellos blancos del corazón.

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