miércoles, 31 de diciembre de 2014

Aprender a vivir el presente I

             Conocer el presente es aprender a sentir, crear una relación directa con la vida, donde el pensamiento es un límite que te separa de la experiencia. La presencia es la conciencia inmediata de los fenómenos que es a la vez física, emocional y mental.
            Aprender a vivir el presente requiere entrenamiento que nos lleva a experimentar la relación sin límites ni separaciones contigo mismo y con lo otro, pues en esa relación ilimitada, lo uno y lo otro es lo mismo. En el espacio de conciencia y de unidad no existe afuera ni dentro, ni arriba ni abajo, todo sucede a la vez y lo conoces por lo que sientes, sentir esto, te llevará a fundirte y a penetrar en tu existencia.
            Existen personas que tienen acceso a esta capacidad de manera natural, bien por estar predispuestas a ella, o bien porque ejercen una actitud en que la presencia es una cuestión de supervivencia.
            La meditación nos lleva de forma natural a una mayor proximidad con nosotros mismos y nuestros sentimientos.  Pero, ¿qué es la meditación sino pura presencia? Para alcanzar esta presencia, en principio es indispensable tomar conciencia de nuestra agitación mental, escuchando el discurso interior, ese comentario incesante hasta los hechos y gestos más pequeños.
            Conocer el presente es aprender a sentir, crear una relación directa con la vida, donde el pensamiento es un límite que nos separa de la experiencia, donde si pensamos de forma profunda, aprendemos a sentir la presencia de esa persona dentro de nosotros mismos. La sola conciencia del pensamiento interior es suficiente para hacer emerger el silencio. Y el silencio, a su vez nos permite que el cuerpo se convierta en ese instrumento tan preciso que nos guía, y nos da las claves inmediatas a la acción.
            Con todo esto, nos damos cuenta de que hasta qué punto el cuerpo tiene la facultad de reaccionar inmediatamente a todas las situaciones, ya sea mediante la apertura, ya sea mediante el cierre. He aprendido que a veces necesitamos años para construir la confianza de determinadas personas y únicamente segundos para destruirla. Y también, que lo que cuanta en la vida no son las cosas que tengo alrededor, sino las personas. He aprendido que no debo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.
             Elegir a esperar a que la mente nos guíe qué dirección tomar. Y generalmente tras el fracaso, nos decimos: ¡Lo sabía! Casi nunca me pregunto de dónde viene esa impresión. ¿Nos viene del alma? ¡No lo sé! Soy consciente de que es un paso hacia el reconocimiento de la capacidad de nuestra propia experiencia.
            Por tanto: Aunque no te haya visto, ni quizás te conozca personalmente. ¿Qué deseo de ti? Sencillamente, que descubras la serenidad y la tranquilidad en un mundo imposible de entender. Que los problemas que has experimentado, te den el poder de caminar por la vida enfrentándote a cada situación con optimismo y valor. No olvides que existen seres, aún estando lejos, cuyo afecto y comprensión siempre estarán contigo, a pesar de que nunca le hayas visto.
          Intenta ver las cosas sin nombrarlas, sin describirlas, sin compararlas. Deja el rencor y el orgullo personal de un lado; sé que es extremadamente difícil, pero al menos te pueden revelar el hecho de que siempre existe alguien que te tiene presente.

 Meditación: Elige la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable.
 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Las cosas simples que la vida nos da.

              A veces con un simple “no” u otras con un sencillo “sí”, cuantas cosas podrían haber cambiado en nuestra vida. No deberíamos complicarnos con situaciones tremendamente escabrosas, y volver a las cosas simples y sencillas, puesto que ya la vida nos la complica cada vez más. Por tanto deberíamos en manera alguna volver a un retorno del pasado considerando el valor de las cosas simples y sencillas, puesto que en verdad no es otra cosa que recuperar la esencia social de garantizar la supervivencia de nuestra historia.
              Todo esto nos lleva a evaluar los conceptos de todo lo vivido con esfuerzo, constancia, vocación, creación e imaginación, considerando como valor a defender lo sencillo simplemente sin dobleces ni ambigüedades. Realmente sencilla es la persona que se muestra como es, que habla de manera clara, que va directa al punto, sin rodeos, mostrando siempre su posición y sus intenciones.
             Cada día que nos levantamos, deberíamos contemplar, que es como una nueva oportunidad que se nos abre en nuestra vida, simplemente con acceder a considerar la utilidad y la belleza que esas cosas que llamamos “simples” y que la vida nos regala.
             Solo pensar que la vida ya es un regalo que no sabemos de dónde viene, ni a donde nos llevará, sólo debemos procurarnos de no perder la oportunidad de vivirla con la mayor dignidad posible. El mundo nos está resultando tan complicado y sofisticado, que a veces nos alejamos de acceder a lo sencillo, situación ésta que a veces nos irrita y nos atormenta. El simple encanto de una sincera amistad es una puerta que se abre, una sonrisa, un saludo de agradecimiento, etc. Cualquiera de estas cosas, pueden hacer que nos sintamos más felices,  haciendo llegar esa serenidad que a veces nos falta.
            Por eso aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas que nos brinda la vida es uno de los mayores regalos que nos podemos hacer a nosotros mismos, prácticamente cada, día, ya que eso nos permitirá vivir cada momento como si fuese único.
             Por eso, volver a lo “simple” es también rescatar los estilos de convivencias llenos de cortesía y de cordialidad. Recuperar la sensación saludable de agradecer el reconocimiento de una persona o un amigo, ya es una de las cosas sencilla que la vida nos ofrece a diario y que realmente no nos cuesta nada, aunque sean desconocidos, sólo por el único motivo de haberse cruzado en nuestro camino, ya merece ser tratado como tal. Desgraciadamente pasamos por la vida llevados por la rapidez y por los intereses, y nos olvidamos de disfrutar de esas cosas “sencillas”. Vivimos sin darnos cuenta que todos estos pequeños placeres contribuyen a nuestro bienestar y sobre todo a nuestra felicidad.
            Cuantas veces el verdadero reto está en dejar de perseguir tanta grandeza y descubrir que el milagro de la felicidad lo tienes ante tus ojos, sólo es cuestión de verlo ante la sencillez de las cosas que nos rodean y no tratar de satisfacer esos grandes deseos que perseguimos, sin entender a veces la raíz del mismo.
             Pensemos siempre que las cosas sencillas regularmente funcionan, siempre que estén acompañadas sobretodo del principio del sentido común.

            Meditación: Por simples que sean las cosas, todas tienen su belleza, pero no todos pueden verla.

jueves, 25 de diciembre de 2014

La insatisfacción.

            La insatisfacción es como una actitud que se aprecia sobre todos en  personas inseguras, como señal de estar buscando los mejores resultados. Es como crear un estado de ánimo general para cambiar la realidad en la que estamos y que tanto nos preocupa por un presente seguro, con vista hacia un futuro.
            A medida que maduramos nos volvemos más conscientes de la responsabilidad que tenemos en la repetición de ciertas situaciones en la vida; éstas llegan a veces a ser desagradables o al menos insatisfechas para nuestro criterio personal.
            Estar insatisfecho no significa sentirse frustrado. No equivale a una amargura que nos mata el corazón, es más bien una actitud frente a los esfuerzos por sacar un determinado acto adelante. Es algo que puede ejercerse desde distintas posiciones y desde distintas situaciones, las cuales tienen que ver con el desenvolvimiento de nuestro quehacer diario.  El antagonismo de la insatisfacción es el perfeccionismo; consistente éste en la creencia de que todo lo que hagamos, ha de ser perfecto. No puede existir alrededor del perfeccionista nada que presente una mínima imperfección o no roce lo “absoluto”, puesto que de esa manera es cuando se llega a la insatisfacción.
              Existen personas las cuales no acaban de sentirse satisfechas con nada. En vez de alegrarse con lo que han logrado, siguen pensando en el camino que les queda por recorrer y sobre todo en lo que tienen lo demás. Ante esta situación suelen fijarse objetivos inalcanzables y, con frecuencias, les cuestan poner límites a sus aspiraciones, no considerando que en esta vida, no se trata de conseguir todo. Estos son los llamados eternos insatisfechos; los grandes inseguros. Quienes viven a su lado sufren al verles permanentemente amargados, atrapados en cierta manera por la envidia, por un sentimiento de incapacidad, por la búsqueda desesperada de no encontrar la forma de  culminar las cosas, o rabiando por lo mal que les trata la vida.
             Pensar “anclarse” en el pasado, no nos permite que avancemos en la vida y nos impide disfrutar del momento presente. Determinadas personas se contentan con lo que tienen, otras se bloquean sintiendo que les falla todo o se lanzan a una carrera sin fin en pos de altas metas, sobre todo antes el riesgo de la inseguridad.
             Ese sentimiento hace perder la capacidad de disfrutar del momento presente e impidiendo las aspiraciones de forma realista y aceptando sus limitaciones personales.
           Podemos considerar que siempre que utilicemos un nivel superior de modo artificial, inmediatamente después del placer, sentiremos una verdadera insatisfacción. Mientras que el estado de conformidad es producto de una auténtica situación de nuestro nivel, conseguiremos que ese estado de depresión no se presente. Ante la insatisfacción, el sujeto tiene la necesidad de buscar nuevos estímulos agradables que le compensen del malestar, y así sucesivamente, con lo que va quedando envuelto en un verdadero círculo vicioso de hábitos perjudiciales que les desvían a acciones que le merman de una cantidad de energías considerables.
             La fuerza de todas estas motivaciones, desaparecen instantáneamente, si estas personas se preocupan con seriedad de determinar qué es lo que realmente les hace falta en su vida y de esa manera adoptarán una actitud inteligente.

            Meditación: Muchos hay que, después de haber encontrado la felicidad, buscan todavía más hasta que encuentran la desgracia.