jueves, 1 de septiembre de 2016

Recuperar lo perdido.

                 Y es verdad, ¿cuantas veces decimos; ya eso no lo puedo recuperar? Quizás es que hayamos perdido la confianza en nosotros mismos o es posible que no encontramos la habilidad necesaria para llegar a conseguir aquello que nunca debimos perder. Sea lo que sea, todo es cuestión de esfuerzo y sacrificio, para alcanzar de nuevo lo que tanto nos costó conseguir y jamás debimos dejar escapar. Ante esto: ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, registrar nuestro nivel de habilidades, haciendo fuerte nuestras esperanzas para que aquellas fantasías y anhelos, consigan convencernos, de que todo se puede recuperar. De momento, reflexionar si la situación lo requiere a no exponernos a situaciones arriesgadas, pensando que aún nos quedan muchos recursos.
                  Recordemos siempre que las emociones ante un miedo imaginario, intentarán retenernos, y sólo ese miedo hará que no salgamos airoso ante situaciones que, hasta ese momento, solo pensamos que de nuevo nos haríamos con ellas. Simplemente tenemos que estar dispuestos a pensar que existen deseos e ilusiones, que podemos desplegar sin grandes obstáculos. Una vez que seamos conscientes de nuestras habilidades y ante un férreo sentido de la situación en que la vida nos ha puesto por delante, no nos detengamos definitivamente, dejando que el destino nos pase ante nosotros.
            Recordemos que una vez que hayamos vencido ese miedo, no debemos detenernos, para así poder conseguir a identificar qué es lo que nuestro subconsciente necesita para poder alcanzar aquello que nunca debimos dejar escapar.  A veces una palabra amable, un gesto, una mano tendida, un reconocimiento mínimo, o incluso la consideración de lo que podría ser diferente, alientan nuestras ideas y nos ofrecen aires de seguridad para inhabilitar las dudas.  
           Siempre debemos tener presente que para recuperar un episodio vivido, debemos centrarnos en el recuerdo que lo motivó y, estar convencido de que jamás puede borrarse por mucho que lo intentemos. Tal vez consigamos suprimirlo del lugar de origen, pero nunca desaparecerá, ya que esté alojado en la “memoria a largo plazo” y actuará siempre como réplica de aquel recuerdo.
           Cuantas veces pensamos que el perdón es una necesidad en nuestros tiempos. Pero, ¡Qué difícil es aceptarlo! Todos pensamos, que siempre puede existir un resquicio ante una  imperiosa necesidad de que aparezca, a pesar de que nadie está libre de que esas heridas surjan en nuestra vida, como frustraciones, decepciones o penas, cómo consecuencia de la pérdida de aquello que hoy deseamos recuperar.
           Como ocurre con frecuencia, hasta la moneda más valiosa tiene su cruz En este caso, es cuando debemos tomar una decisión y hacer valer, como decía al principio, esas habilidades que todos poseemos y ponerlas en práctica. Así decimos que una vida libre de riesgo está lejos de ser una vida sana. Por eso no te preguntes si eres realista o no. A veces tomar opción puede hacer que nos sintamos herido, pero es de vital importancia no llegar a “desangrarse” para así evitar males mayores. Males que nos conducirán a tremendas frustraciones, que desgraciadamente harán que nunca podamos recuperar aquello que un día perdimos.

 Meditación: Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos.

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