domingo, 13 de enero de 2013

No entender la amistad.

          La palabra amistad se ha trivializado en los últimos tiempos, en parte debido a los contactos virtuales a través de las redes sociales. La amistad, a veces no se llega a entender como anuncio en el título, es como un lazo muy especial. Se trata acaso del más igualitario de los vínculos humanos. En ella no cabe la especulación, pues entonces ya no es amistad sino cálculo, y ya no es una relación sino una transacción.
            La amistad no admite el utilitarismo, es sencillamente un vínculo sin proyecto que no plantea fines de ninguna clase.
            A veces me pongo a pensar y me doy cuenta de que en determinado momentos se puede conocer a nuevas personas que  te hacen sentirte bien por unos momentos, pero a través del tiempo, analizando y reflexionando, se llega a comprender que a la larga, “aquello” no puede llegar a buen fin, puesto que su comienzo no era “normal”; es decir no se ajustaba a los cánones de la verdadera amistad. Al final y a través de los tiempos esos presagios suelen cumplirse y ser acertados, puesto que suelen acabar desgraciadamente tal como empezó. Todo es producto de no entender lo que es una verdadera amistad.  Esas amistades son de adolescentes, propias de esas chicas que esperan desde horas muy tempranas y apostadas en unas vallas de un aeropuerto la llegada de su ídolo.
            Lloran, gritan, se desesperan y hasta pierden el conocimiento, cuando aparece por la escala del avión. A esto se le denomina “brotes emocionales de pasión”, éstas características casi siempre suelen ser esporádicas y pasajeras, propia de la juventud, llegando siempre a ser olvidadas con el tiempo. Pero después de mucho pensar y analizar qué pensarían  Uds. si, ¿esto es normal que aparezca en una señora de avanzada edad? Justo es pensar que su fin debería acabar mal, tal como empezó; con un “brote de rechazo y  desprecio” debido a situaciones particulares de una vida sometida a la carencia de unas necesidades sentimentales.
            Justamente es así porque eso no se sostiene ni en proyectos, ni en y planes, y porque no salda cuentas con el pasado, ni se extiende a propósitos en el futuro. La amistad es una relación que transcurre en un puro presente. Por eso necesita justamente eso, presencia.
            Para honrarla, para que no sea una mera declaración, y no exista posibilidad de sumergirse durante horas en la red informática a través de vínculos virtuales, y no conectado a esa “silueta” con la que nos creemos encontrar a través de espacios virtuales.
            Un amigo puede decirle a otro, cosas que este recibe sin prevenciones ni sospechas, cosas que nadie más puede decirle y que suelen abrir puertas fuertemente cerradas, que comunican con lo más profundo del su ser, llegando a veces a librarle de situaciones comprometidas. Y del mismo modo, este puede contarle a su amigo cosas que no confiaría a nadie más, porque sabe que jamás las usaría con fines ulteriores, pensando que con nadie estarán a mejor resguardo.
            No se trata necesariamente de secretos, sino de delicadas “gemas” de la propia interioridad. A diferencia de lo que ocurre en otras relaciones humanas, en la amistad se nos aprecia por lo que somos, no por lo que hacemos.
            Solo y para terminar, un amigo es un bálsamo para el alma, es la mejor guía en el camino hacia los valores verdaderos; es como una joya preciosa y única, alguien con quien hemos tallado durante un tiempo de nuestra vida.

Meditación: Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no le hubieras conocido.

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