sábado, 31 de octubre de 2015

¿Por qué somos temerosos?

            Quien no está preso de sus necesidades, está preso de sus propios miedos. Unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen y otros por el pánico de perder lo que ya tienen. Vivimos entre temores. No es  que carezcamos de valor, es que nuestra actitud  nos ayuda a caer a veces en la temeridad y la cobardía, siendo la perseverancia la virtud para no caer en los extremos.
             Muchas veces tenemos miedo… miedo a lo que podríamos no ser capaces de hacer. Miedo a lo que podrían pensar si lo intentamos. De esta manera dejamos que nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas. Dichos temores nos azuzan la existencia cotidiana, con punzadas imperceptibles y no como aliciente.
              La ansiedad o la angustia son situaciones que aparentemente significan lo mismo: en general es un estado de ánimo relacionado con el miedo, que provoca en nosotros una inquietud y un malestar interior, así como una reacción corporal que nos predispone a enfrentarnos a un peligro inminente.
            Existen situaciones que nos paralizan. Realmente, en cada situación habitan posibilidades inquietantes, asuntos que podrían derivar en malas direcciones. Sin embargo no debería ser así, No deberíamos tener miedo a todo lo que no podemos controlar, ni miedo a lo desconocido, ni a lo diferente, sólo a lo que podamos vivir como un peligro amenazante a nuestra forma de vida. El hecho es, que ese temor nos acompaña como una sombra casi constitutiva, pensando siempre en lo que ocurriría de no ir bien las cosas. Hay quien siempre y en cada instante está pensando en lo que sucederá.
            El miedo adopta diferentes formas, miedo a no ser recompensados, miedo a fracasar, miedo de nuestra propia debilidad, miedo al sentimiento que genera en nosotros tener que llegar a cierto punto y no ser capaces de lograrlo, etc. Sólo el hecho de vivir, es encontrarse con esos temores, compartiendo con ellos la jornada diaria. Y a través de vivirlos debemos ser capaces de sobreponernos a estas persecuciones permanentes, o al menos saber “caminar” a su lado.
            Todo lo que hacemos, lo hacemos con el pensamiento. Pero nos preguntamos,  si debemos detener el pensamiento, en una pregunta poco acertada, pues quien quiere detener el pensar, siempre estará sometido s continuos temores.
             Tenemos que tener presente que el tiempo y el pensamiento son las fuente del miedo. Debemos estar siempre dispuestos a ver la realidad de las cosas. Siempre es necesario que pongamos todo nuestro ser en descubrir la relación que tenemos con el mundo, para dominar nuestros propios temores, asumiendo con fuerza y en cada instante, estar disouesto a elegir en cada momento las mejores resoluciones, e incluso afrontar las consecuencias de los hechos.
              Siempre un conjunto de pequeños temores, nos pueden evitar todo un profundo miedo infundado y conseguir una victoria personal antes cualquier empeño que estemos dispuesto a realizar.
             
Meditación: El sabio puede tener temor a equivocarse. El necio nunca.

martes, 27 de octubre de 2015

Personas que dejan huellas.

          Si, aunque no lo parezca existen personas realmente excelentes, y no precisamente porque deslumbren a simple vista, sino porque se iluminan con sus acciones. Son personas que tienen una habilidad especial para mostrar al mundo la grandiosidad y la generosidad que podemos llegar a ser, y la cuales aparentemente no vemos. Su sola presencia ya nos intuye la percepción de su autenticidad, y han experimentado la proeza y el instinto de hacer algo extraordinario durante mucho tiempo, algo que para los demás, sencillamente sería casi imposible.
          Son personas que no se dejan llevar por el ridículo, y saben cómo alejar los miedos, al decir lo que sienten. Son capaces de hacer feliz a alguien de acuerdo con sus valores, y creer en la bondad de los demás por encima de todo. Muchos pueden pensar que obedecen a sus extraordinarias “cualidades”, pero no necesariamente. Tal vez sea su forma sencilla de hablar, de meditar, de reflexionar o quizás, el más profundo respeto hacia sus amigos. Más bien podríamos atribuirlo a su armonía y a todo un equilibrio de condiciones y valores que finalmente nos ofrecen ese conjunto de cualidades.
            Una persona de este tipo, es aquella a quien le agrega pequeños detalles a su trabajo, a sus acciones y sobre todo a su comportamiento, haciendo extraordinario el aspecto cotidiano de su quehacer diario. Obviamente no es un camino fácil por recorrer, pero tiene en cuenta el placer de saborear cada logro y saber que está danto el cien por cien de sí mismo.
            Si es verdad, que para dar inicio a esta secuencia de detalles se necesita de muchas cosas: actitud, determinación, pero principalmente esa ayuda interior que todos llevamos dentro y que a veces no la hacemos florecer. Ocurre en ocasiones que nos sentimos afectados, incluso impactados, por determinados modos de ciertas personas, las cuales reconocemos como “personas extraordinarias”.           También hay quienes son sensibles a las situaciones ajenas, salvo que les parezca perjudicial o rentable. Esto seres no proceden de los ámbitos más espectaculares. No suelen buscar el impacto. Puede ocurrir que ni si quiera le conozcamos  personalmente; pero siempre están ahí. Sin embargo, puede llegar el día en que ya no estén; es entonces cuando sentimos “algo”, y sin saber porque le olvidaron. Es entonces cuando realmente la echaremos de menos, quizás sea por nuestra manera de obrar. ¡Quién sabe! 
             Para llegar a ser personas que siempre dejan un recuerdo, no es necesario ser perfectos, simplemente exponer nuestro mayor esfuerzo en todo lo que hacemos. Sobre todo paciencia, constancia y llegaremos al resultado de que esas acciones harán que nos convirtamos en personas realmente extraordinarias. Decir adiós no es palabra agradable de pronunciar. Normalmente a casi nadie les gusta. Pero por desgracia la vida nos obliga a pronunciarla, debido a circunstancias que nunca entenderemos.
             Pero cuando el rechazo llega a ser tan grande, la situación insostenible, y agotado todos los recursos, es recomendable alejarse de forma definitiva. Si no podemos hacerlo físicamente, es prioritario hacerlo sentimentalmente, puesto que ante esto, no nos queda otra opción que aceptar que todo lo que hemos dicho y hecho, nunca sirvió para nada. ¡¡Quizás algún día resurja la cordura!!
 
Meditación: Las personas especiales son aquellas que provocan emociones incluso a  distancia.
 

sábado, 24 de octubre de 2015

La gratitud expresa felicidad.

            Nos guste o no, deberíamos agradecer diariamente lo que tenemos; sé que muchos no estarán de acuerdo y siempre dirán: “podría estar mejor”. Desgraciadamente no hay un secreto para la felicidad, pero, “es lo que hay” “es lo que la vida nos ha dado” y el agradecimiento a las pequeñas cosas nos hacen demostrar que todos poseemos un increíble potencial para conseguirla. Reconozco que vivimos en unos momentos difíciles y que siempre nos blindamos con la desesperación y el dolor, pero es posible que en cualquier momento determinado podamos contemplar la vida desde otra manera distinta. Esto nos hará reflexionar que existen personas de gran corazón y sólo el hecho de hablar con ellos ya nos llenan de paz, creando una armonía, allí donde es posible que nunca la podríamos encontrar.
           Pero también podría decir, aunque a veces no encuentro palabras para exponer lo que realmente siento, lo cruel y triste que resulta cuando ante una acción digna de agradecer, ya sea a través de un acto personal o unas simples palabras de agradecimiento, recibes el más grande de los desprecios, es decir; la indiferencia. Es como pensar que aquello que pensaste o que dijiste, no vale ni un ápice de agradecer, cuando en realidad fue dicho desde lo más profundo de su corazón.
           Cuantas veces puede resultar que una simple frase, pueda ayudar a conseguir una realización personal, consiguiendo un bienestar interno, partiendo de que esa gratitud pueda ser de una importancia excepcional para aquel que la ejerce. Pero ese sentimiento de gratitud, no “llega” ante algunos corazones endurecidos por la sinrazón y el desprecio. Pensemos que la gratitud no es humillante, la gratitud llega a ser amable y a menudo mitiga la culpa, la aflicción, el sufrimiento y las dificultades que estamos pasando. Sólo estimula la sensación de conciencia y el profundo agradecimiento que hace valorar más a las personas.
            La vida está compuesta de muchos altibajos, el camino suele ser muy largo y duro; pero cuando estamos hundidos en lo más profundo del dolor, cualquier palabra de agradecimiento, nos hacen tremendamente feliz. Es cuando sabemos valorar lo que la gratitud representa, ante una situación que muchas veces nos derrumba. Sé que muchos a través de nuestra vida sufrimos desaires y menosprecios de manera frecuente. Sólo intento asumirlo, ya que no es posible evitarlo, aunque sí podemos aprender a afrontarlos. Sí, afrontar es lo que hacemos para aliviar el dolor, el estrés o el sufrimiento provocado por esa situación dolorosa. Sólo el que lo padece sabe la tremenda frustración que se siente.
             Si realmente se tienen fuertes motivos para no perdonar, hay que respetarlos. Pero a la larga, las preocupaciones, las hostilidades y los resentimientos sólo sirven para hacernos daño a nosotros mismo.  Dice un refrán que “es de bien nacidos ser agradecido”, lo que no dice es que, además de ser positivo para los que nos rodean, la gratitud es una herramienta poderosa para sentirnos bien, originando esperanza, amor, compasión, alegría y sobre todo, sentimientos de felicidad.
 
Meditación: Si has tenido amigos que durante mucho tiempo, ha actuado amablemente contigo; ¿por qué no has  tenido la fuerza necesaria para darles prueba sustancial de tu gratitud?