viernes, 27 de febrero de 2015

Formas de ver las cosas.

                No todos vemos las cosas de la misma manera, hay quien a nada le da importancia, otros son catastrofistas, y otros es el “pasotismo” el carácter que les da a todo lo que sucede a su alrededor. Si observamos bien el sistema en que vivimos está hecho para que nos rindamos ante el miedo y de las apariencias de la doble moral, donde la mentira es lo políticamente correcto y la verdad es un peligro que no interesa que sea revelado. Podríamos decir, que el miedo nos encarcela dentro de nosotros mismos. A menudo no somos conscientes de estos elementos dentro de nuestro sentir personal, que, sin embargo, determinan lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Sencillamente son las “gafas” con las que miramos el mundo y a nosotros mismos. Nuestro criterio personal es la norma o regla que nos sirve para distinguir un conocimiento verdadero de uno falso. Es la única prueba por la cual distinguimos la verdad del error. Un juicio no puede admitirse como verdadero por el solo hecho de ser formulado por cierto tipo de persona, por mucha credibilidad que nos formule. La verdad no siempre es absoluta, a veces es relativa, dependiendo del entendimiento humano, y estando siempre sometida a las variaciones de éste.
            Por eso no dudemos en preguntar, cuando las cosas no las admitimos si son creíbles o no. Haz todas las preguntas que consideres oportunas, siempre habrá alguien para ayudarnos. Posiblemente si acudes a un profesional, sabrá aclarar nuestras dudas o discrepancias, sean las que sean para encontrar una posible respuesta.
            En determinados momentos nos asalta la duda de cómo deberían ser las cosas, a pesar de que se nos muestran  en forma de paradigmas, verdades o creíbles. Los paradigmas son términos que nos define un tipo de esquema, y nos  aportan un modelo concreto de realidad social y cultural, pero siempre en un tiempo determinado.
            Hay personas que suelen tener bloqueadas su capacidad de ver las cosas desde un prisma no real y eso les hace percibir diferentes alternativas y posibilidades que se le presentan para solucionar sus problemas. Otros atraviesan periodos de cambios con facilidad siendo su situación de constantes alternativas. Y por último aquellos que todo lo viven como etapas de terror y sufrimiento. Todo ello nos da a entender que existen personas que viven una amplia gama de alternativas entre las cuales pueden escoger distintas formas de ver las cosas. En todos estos casos podemos decir; “que se juega a perder” Consideremos siempre que nuestras percepciones a veces son erróneas. Lo que vemos en muchas ocasiones, muchas veces no corresponde con la realidad.
            Algunos opinan que el ser humano es la “medida” de todas las cosas, y por esto las cosas son para cada cual lo que cada cual quiera pensar de ellas. Sin embargo otros piensan que las cosas no son como son, sino como cada uno las percibe.
            Ya nos gustaría a todos estar siempre a la altura de aquello en lo que creemos ver. Pero no debemos  confundirnos. Las cosas son como son y más vale asumirlo más pronto que nunca, porque si no, malgastaremos nuestras energías en intentar cambiar lo que no podemos cambiar y al final no lo lograremos.

 Meditación: No hay nada que desespere tanto, como ver mal interpretados nuestros sentimientos.

martes, 24 de febrero de 2015

Cuando el amor hace daño.

               El amor a veces, tal como se utiliza actualmente el término, no es amor; es solo deseo. Y el deseo sin duda a la larga nos hará daño, porque desear a alguien como si fuera un objeto supone ofender a esa persona. Es un insulto. Si te diriges a otra persona con un simple deseo: ¿durante, cuánto tiempo podrás fingir que es amor? Superficialmente parecerá que es amor, pero si ahonda un poco, verás cómo debajo se oculta el mero deseo. Contemplar a alguien con simple deseo supone insultarle, humillarle. Es reducir a la otra persona a una cosa, o a un simple objeto. No existe nadie al que deberíamos considerarle como un objeto, por eso nunca se debe utilizar ese medio para alcanzar un fin determinado.
              Para el amor, el sexo es el lugar de la comunión entre los amantes. La plenitud de la realización del amor, es imprescindible como prueba definitiva. Es una relación que carece de plan y cuya fuente de sentido es solo la gratificación para el futuro, convirtiéndose de esa forma es un territorio intranscendente.
            Esta es la diferencia entre el deseo y el amor. El deseo utiliza a la otra persona para solo colmar su apetito. Solo se limita a utilizarla y cuando ya has terminado o circunstancialmente te es imposible mantenerla, “la tiras”.
             Dado que nuestra cultura no reivindica un propio fundamento histórico, sino que a través del tiempo desarrolla un nivel popular de profundos sentimientos hacia el amor,  nuestro carácter comunicativo se ve eclipsado a través de sus componentes emocionales. Éstas emociones sin contenido y, por consiguiente, sin comunicación, deja de ser un acto común. El sexo sin amor es una sugestión “mecánica” que hace las veces de simple encuentro circunstancial. Su eficacia estriba precisamente en su naturaleza sensual. La capacidad del sexo para generar sensaciones poderosas, permite convertirla en emociones tratadas mediante las interpretaciones pertinentes puesto que ya el amor por sí mismo, nos compromete a una cierta disposición. El amor siempre nos dirá que emoción cabe esperar de la relación sexual satisfactoria, y dicha relación nos proporcionará unas constantes sensaciones que las convertiremos en emociones gratificantes, gracias precisamente a esas expectativas.
              Por último, el amor en la cumbre nos conduce a la autoestima, la tentación de dar sentido a la vida, no sólo en tanto como amor, sino también como meta a la misma vida. La confusión entre el negocio de la pareja perfecta, genera una adicción a la condición de modelo no acorde con la satisfacción que dicha experiencia proporciona. Así, los individuos que habitan en esa cumbre de la pirámide del amor encuentran en su triunfo amoroso un refugio afectivo distinto al que el sexo en teoría nos puede ofrecer, consistente en la admiración de los sometidos, por el simple hecho del deseo, conduciendo ese refugio a diversas formas de entendimientos, como un sainete amoroso de una novela rosa. El amor es un fenómeno espiritual; el deseo es un fenómeno físico. De ese modo, uno puede “desear” desde miles de kilómetros de distancia, no haciendo falta estar físicamente presente.

 Meditación: Si alguien no te quiso, no dudes en pensar que existe alguien que sí te querrá.

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Qué limita nuestras vidas?

            Siempre nuestras vidas están limitadas por acontecimientos: ya sea por amor, despecho, pérdida de un ser querido, fracasos, soledad, o cualquiera situación que nos la doblegue de forma que nos sintamos preocupados. Todas las pérdidas tienen un significado importante en nuestro desarrollo vital, puesto que cada beneficio requiere un sacrificio y toda ganancia de alguna forma, llega a tener un costo.
            Así decimos que la fragmentación en la que vivimos actualmente tienen unos lazos sociales que fomentan unos sentimientos de soledad. Pensemos, que no estamos solos, sino que nos sentimos solos. Mirándolo desde un punto de vista social, cada cosa que pasa, pasará y es bueno que pase, pues al fin y al cabo aprenderemos de ella. De este modo mientras transcurre, nos confirma lo transitorio de la vida, así como todo lo que en ella acontece. Pensemos que nada es eterno, y es bueno que así sea, pues la comodidad, paraliza la creatividad y los mecanismos de supervivencia.
             El resultado más importante de esta fragmentación, son los lazos sociales relativos a nuestros sentimientos de soledad. Si, a veces se trata de una soledad forzada que actualmente cada individuo es el responsable directo de sus lazos sociales. Por tanto si aceptamos el cambio que limita nuestras vidas, también debemos aceptar que es adecuado perder para ganar.
           ”Estar solo” es algo que se aprende. Como sabemos, uno aprende a estar solo, a soportar ese sentimiento de soledad y también a aprovecharlo de buena manera. La capacidad de estar solo constituye un síntoma de madurez de por sí, aunque esta capacidad tiene por fundamento la experiencia de estar a solas en presencia de alguien.
            Pensemos que nuestros límites de soledad no suelen ser absolutos, casi siempre se manifiestan de forma parcial o temporal. Casi todo el mundo tiene su pequeña soledad, sólo que unos luchan por vencerla, otros la ignoran y unos pocos se hunden en ella. Cualquiera puede soportar limitar su experiencia vivida a través de la soledad en un momento dado, aunque lo más frecuente es que uno se resista a ella. ¡Intentemos vencerla y sobrepasarla!
           En general adquirir ese límite de soledad implica haber salido de los requerimientos del mundo de las fantasías. Por otra parte, hay personas que tienen muchas relaciones sociales, que frecuentan a sus semejantes, pero, sin embargo, se sienten terriblemente solas. Lo que produce ese tipo de aislamiento consiste en estar en compañía de uno mismo. Por tanto todos necesitamos comunicarnos, abrirnos a los demás, sentirnos acompañados de otros, querer y ser querido. Cuando la soledad se apodera de uno, se suma a un aislamiento que genera tristeza. Pensemos siempre, que uno no puede escaparse de su soledad, no puede salir de sí mismo, ni de su situación.
          Todo ello puede acarrearnos depresiones graves. Y si las fuerzas decaen y se pierde toda esperanza, a veces adoptamos soluciones extremas como el suicidio, siendo esta la forma más trágica que la vida nos pone sus límites.            

 Meditación: La peor parte de mantener recuerdos no es el dolor. Es la soledad. Los recuerdos necesitan ser compartidos.