lunes, 3 de agosto de 2015

Equivocarse es inevitable.

           En algún momento de nuestra vida, ya sea tarde o temprano, irremediablemente llega el momento de equivocarnos. Estamos constantemente decidiendo cómo actuar. Y las decisiones las tomamos por varios presentimientos. A veces movidos por una sed de éxitos. Otras veces nos detenemos por pereza, falta de apoyo o falta de esa energía que necesitamos para ver las cosas con mediana claridad.
           Las equivocaciones forman parte de nuestro proceso de aprendizaje. Nos acercamos cada vez más a la actuación adecuada conforme vamos aprendiendo de nuestras equivocaciones, pues nos van aportando la información necesaria para seguir la dirección correcta. Cada equivocación nos dice lo que necesitamos corregir.
             Lo único real son los resultados; convertirlos en un premio o castigarnos de forma emocional, es algo que solemos añadir por nuestra cuenta. Equivocarnos es normal, encontrarnos con situaciones inesperadas es algo inevitable. Lo que no debemos hacer es un drama de sufrimientos, que haga que todo lo realizado se nos convierta en un fracaso. Así las personas que tienen miedo a equivocaciones suelen tener problemas para aprender cosas nuevas o simplemente para cambiar a cualquier tipo de actitud.
             Pensemos siempre que una equivocación o un simple error no debe ser un camino de sufrimiento. Lo cierto es que cuando cometimos aquella equivocación hubiéramos sabido lo que sabemos después de cometerla, sería totalmente diferente. Por eso cuando realizamos una acción determinada, estamos haciendo lo que nos parece más razonable en ese momento, en base a la información que disponemos en ese preciso momento. Entonces: ¿por qué criticarnos o castigarnos pensando que deberíamos haber hecho otra cosa? No tiene sentido sentirse culpable por haber realizado lo que creímos mejor en ese momento.
              Siempre  las equivocaciones son también señales de advertencia que, si las tenemos en cuenta, pueden servirnos para evitar reincidir nuevamente. Si somos personas que nos negamos a admitir nuestras propias equivocaciones, jamás sacaremos nada bueno de ellas. Es cierto que cuando nos equivocamos, tenemos cierta tendencia a ignorar o culpar a otros. Asumir nuestros fallos e intentar sacar consecuencias positivas nos lleva a una visión más amplia de la realidad y nos dotará de nuevas experiencias para el futuro.
               Procuremos evitar poner siempre excusas o justificaciones pensando que somos inútiles o que no somos capaces de hacer bien las cosas. Cuando uno se equivoca es normal sentir cierta angustia o desconcierto, pero debemos evitar que esa ansiedad nos paralice o nos lleve a pensamientos negativos que al final dañen nuestra autoestima.
               Y sobre todo “rectificar” siempre que sea posible. No nos avergoncemos por hacerlo. No nos paralelicemos por pedir ayuda a tus amigos, etc. Lo ideal es no dejar de luchar por ese objetivo que nos propusimos, utilizando todas nuestras energías para conseguirlo. Al final, esto nos ayudará a madurar y aprender cada día algo más de las equivocaciones.

 Meditación: Muchos se equivocan con más frecuencia por demasiado listos que por demasiado buenos.
 

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