domingo, 28 de julio de 2013

Las dificultades de la vida.

          Hoy, ¿quién no tiene dificultades para sacar la vida hacia adelante? Existen dificultades que te desconciertan y hasta te desestabilizan los cimientos en lo que no apoyamos. Es entonces cuando más debemos sacarles todo el rendimiento posible. Lo que no debemos es paralizarnos, recrearnos en el dolor, dejarnos enredar por los sentimientos de poquedad con que nos tientan.
            A lo largo de nuestra vida, todos atravesamos momentos difíciles; enfermedades, crisis, problemas familiares o de pareja. Acontecimientos que desnivelan nuestra certezas, sumiéndonos en la confusión, el miedo o en la desesperanza.
            La vida tenemos que reconocer que es una dinámica; crece, se desarrolla, se supera y va realizando desde su interior las semillas que encierran, y se no abren siempre a nuevas posibilidades.  Tarde o temprano atravesamos, en unos momentos u otras dificultades. Desde una ruptura amorosa, a un despido, la pérdida de un ser querido o una enfermedad, etc. Nadie está a salvo de los vaivenes de nuestra existencia.
            La tendencia natural es evitarlas, y en ocasiones no está mal, pero al ser parte de la vida hay que reconocerlas y asumirlas. Lo lamentable es ignorarlas, negarlas, o no afrontarlas. Solo cuando se afrontan, éstas dificultades nos ofrecen nuevos recursos, nos abren nuevas posibilidades desconocidas y por tanto, nos hacen más fuertes y más sabios.
            Cuando las adversidades no golpean, todos atravesamos emociones muy poderosas. Es conveniente expresar dichos sentimientos, ya sea contándoselos a un amigo o volcándolos en un papel en blanco, es realmente esencial para recuperar el equilibrio. Existen varias maneras de enfrentarse a las dificultades: enfrentarse o ignorarlas. Enfrentarse es analizar el problema y las circunstancias que lo causaron, buscar una solución, y encontrar la salida del mismo. Si por el contrario, decidimos cerrar los ojos y hacer como si no existieran, el problema no desaparecerá, seguiremos sufriendo inútilmente, y además, los problemas sin resolver se irán acumulando, hasta generar una sensación de dolor, estrés frustración y angustia.
            Cuantas veces son los propios personas de nuestro entorno quienes, pretenden que nos volvamos a “sentir bien” lo antes posible. Lo cual explica, el sentimiento que puede llevar a que esa persona, se pueda sentir peor, bien porque no se siente comprendida o porque se siente culpable de no poder responder tal y como los demás esperan de él o de ella.
            En verdad la vida no es un remanso de paz; todos nos llegamos a encontrar en algún momento con algún problema, la felicidad depende de cómo superar las diferentes dificultades y del esfuerzo que hagamos por salir adelante.
            Encontrar la felicidad a pesar de las dificultades de la vida, es posible. Creo que lo importante es la actitud positiva frente a los diferentes problemas, sin olvidar que todo es un proceso, y la tristeza es parte de estar vivos y, que debemos recordar siempre que nuestra felicidad está en nuestras manos.

Meditación: Las dificultades aumentan conforme se aproxima uno al fin.

miércoles, 24 de julio de 2013

¿Te dieron algunas vez las gracias?

           Agradecer con palabras sinceras la ayuda y los cuidados que nos prodigan los demás revisten nuestras relaciones de autenticidad y prodiga un verdadero afecto. Para mostrar a los demás nuestra gratitud, los pequeños detalles son mucho más eficaces las palabras, y mucho más indicados para transmitir nuestros sentimientos. El reto es; ¿cómo podemos mostrarles que ocupan un pequeño espacio en nuestro corazón y en nuestros pensamientos?
            Más que la acción de decir “gracias” de forma automática o por educación, por cortesía o porque es lo que nos dijeron de pequeño, que es lo que hay que decir; es una actitud de sentimiento creado por una decisión consciente de dar las gracias por todo cuanto ocurre en tu vida.
            Este reconocimiento debe ser auténtico. Unas veces nos ayudarán las palabras, otras los gestos o los detalles. Lo que importa es que se reciba de corazón. Es cierto que a veces no podemos dar las gracias personalmente a todo el mundo, pero asegurémonos de que sí las damos a aquellos que han sido especiales con nosotros.
            Vivir agradecido para nosotros significa también dar gracias cuando se olvidaron de ti, cuando una relación termina, cuando alguien se va de tu vida o cuando la enfermedad llega. Cuando lo “aparentemente malo” ocurre, quizás nos preguntemos; ¿por qué no dar las gracias en esos momentos de dolor? Creemos que es una forma de sanar las heridas, de buscar significado más allá de lo establecido o de valorar lo que uno tuvo o quiere volver a tener en nuestra vida, al no resistirse a las cosas, de abrir la mente y el corazón a la comprensión.
            Como decía al principio desde pequeño se nos enseñaron a dar las gracias y es así como todos, en nuestra experiencia de adultos, tenemos este hecho integrado en nuestra vida cotidiana de forma casi mecánica, sin ningún cuestionamiento, como parte del lenguaje universal y como señal de cortesía y buena educación.
            El poder de dar las gracias tiene un valor indescriptible e inconmensurable y puede hacer verdaderos milagros en cada uno de nosotros. Esto nos hace capaces de integrarnos sinceramente esta palabra con regularidad, internamente, llegando al punto de agradecer por todo, incluso por las dificultades a las que nos veamos enfrentados, es sin duda, uno de los mayores logros que podamos tener como seres humanos.
            A veces se nos olvida dar las gracias a quienes tenemos cerca, aunque en ocasiones no están cerca, pero nos unió una gran amistad,  Puede parecer sorprendente e insólito que pase el tiempo y una cosa tan sencilla y humilde pueda carecer de un simple agradecimiento. Realmente es incomprensible. ¡Pero así es!
            Me cuesta tanto pensar que existan personas que se niegan a decir “gracias” cuando con ellas se tenga una pequeña atención. ¡¡Pues, desgraciadamente existen!!        
            “Gracias” es una bonita palabra que puede abrir numerosas puertas, sobre todo la de nuestra paz interior. Pues; ¿por qué privar a nedie de los beneficios de esa gratitud?

Meditación: Aquel que no agradece una pequeña atención, nunca agradecerá nada.

domingo, 21 de julio de 2013

La ternura.

           La ternura es una actitud afectiva interior, la cual no se limita a las manifestaciones externas, sino que puede se puramente convencional. A parte de esto, siempre es condicional, interna e íntima, rehuyendo las miradas, considerándola hasta cierto punto de carácter púdico. No suele manifestarse en público, solamente en aquellos que la comprenden y la sienten.
            Esta se alimenta de sonrisas, de miradas cálidas y de suaves caricias, de abrazos, de frases alentadoras y sobre todo de consuelo. La ternura es complicidad, camaradería, aceptación y tolerancia con respecto a la admiración por tu semejante; en una palabra, es lo más sublime del sentimiento humano.
            La ternura implica, por tanto, confianza y seguridad en uno mismo. Sin ella no hay entrega. Y lo más paradójico es que su expresión no es ostentosa, ya que se manifiesta en pequeños detalles como: la escucha atenta, el gesto amable, la demostración de interés por el otro sin contrapartidas.
            Estas son palabras de Ortega y Gasset en relación con la ternura; ¿Habéis analizado alguna vez la emoción de la ternura? ¿Es alegre, es triste la ternura? ¿No parece más bien la ternura una semilla llena de sonrisa que da el fruto con una lágrima? A veces estas puntualizaciones nos da pena, porque las personas dueña de ella son víctima de las dobles intenciones, las suspicacias malévolas que pueblan nuestra sociedad. La inocencia no nos entusiasma ni nos enoja, la inocencia nos enternece.
            Mantener la ternura es un reconocimiento de diferencias, de capacidad para comprender y tolerar para llegar a acuerdos, para construir colectivamente, aprendiendo siempre de los que “no saben” para soñar y reír, para defender las adversidades aprendiendo de las derrotas y de los fracasos, tanto como los aciertos y de los éxitos.
            Y si nos preguntamos: ¿cómo se manifiesta? La ternura se manifiesta a través de una comprensión exquisita que va directamente a la intimidad, con el deseo de agradar a otra persona. En el plano sexual es corporal, en el plano afectivo busca los sentimientos más nobles, manifestando dulzura, amabilidad, cortesía, humanidad, haciendo sentir al otro lo que tiene de bueno.
            Aunque como decía anteriormente en estas líneas, en la relación de pareja la ternura es decisiva. Cuando escasea, el amor peligra y cae en la peor enfermedad: la rutina. En la rutina se mueve la apatía, el abandono, la dejadez, la despreocupación por mejorar el trato.
            Para mantener la ternura y expresarla de manera adecuada hay que estar consciente, hay que darnos cuenta de lo que nos pasa, hacer que nuestros sentimiento procese las emociones adecuadamente y nos permita ejercer cierto grado de control, no para reprimirnos, sino para cambiar y aprender que el otro quiere lo mismo que nosotros y que un buen paso para volver a recrearnos en el otro es precisamente la ternura compartida.

Meditación: El que con palabras enamora, con hechos decepciona.