viernes, 19 de octubre de 2018

Conflictos de pareja.

Aunque no lo creáis, no es nada fácil hoy tener una buena relación de pareja. Siempre he considerado que estar en pareja es algo saludable, enriquecedor y, sobre todo, beneficioso. En definitiva, es un estado ante el cual nos aporta estabilidad entre ambos. Lo cierto es que no sabemos “por qué” pero observamos que con el tiempo algo va mal a través de nuestras relaciones.  Y todo es casi siempre a la “dichosa culpa”, la cual nunca sabremos a quien otorgársela. En tiempos de dificultades es fácil caer en el desánimo o en el conformismo. Incluso puede que lleguemos a pensar que debemos renunciar a nuestros sueños, sólo pensando que “aquello no tiene solución” refiriéndonos a lo que en un principio hubiésemos deseado que fuera, llegando a pensar en la ruptura. Pero si nos detenemos y conjuntamente lo meditamos, son esos mismos problemas los que nos ayudarán a salir a delante en esos momentos difíciles.
Antes esta situación debemos ser realista, y pensar que lo más importante en estos casos, es vencer esas dificultades, para volver a encausar cuanto antes esas actitudes que hoy nos parecen imposible conseguir, con el fin de poder alcanzar aquellos sueños que en tiempo anteriores eran nuestros ideales. Por azar o por simple coincidencia, hace unos días estuve hablando con un miembro de una pareja, la cual reflejaba las mismas condiciones a las que aquí me reflejo. Todo eran desánimos, falta de ilusión, aunque lo principal que enseguida noté y lo más acuciante era la falta de diálogo.    
Recuerdo que siempre me decía: “es que no tenemos de que hablar”. Nada más importante en una relación de pareja es el diálogo entre ambos, por insignificante que sea. Todo lo debemos compartir, puesto que, si de esa manera no fuera, nuestra actitud empeoraría, haciendo que poco a poco se suele ir destruyendo hasta llegar a no podernos soportar. Muchos creemos que tolerar es aguantar y soportar, ¡nada más incierto! En estos casos lo importante es comprender que debemos superar los problemas que diariamente nos rodean, y para ello necesitamos el poder interno que ambos poseemos y, por otro lado, la capacidad de entender lo que significa la tolerancia entre parejas. A través de la tolerancia se comprende que aquello que decimos, lo estamos aguantando o soportando.
Cuántas veces, estos llamados problemas que a diario nos surgen y en definitiva no son otros que esas situaciones, a las cuales las definimos diciendo que no nos soportamos. Casi siempre son debido a aptitudes con carencias de importancia. Pero para nosotros las vemos como un fastidio, sólo por el hecho de que ninguno deseamos concedernos la razón.  Ante esto, la transigencia es de vital importancia, sobre todo si queremos que todo aquello no se nos derrumbe, llegando al mismo tiempo a un equilibrio que entre ambos debe ser acertado sin condiciones. 
Para ello siempre deberíamos estar dispuesto a cuestionarnos que tenemos ambos que dedicarnos a esa intimidad que con el tiempo parece que se ha ido desmoronando, al fin de volver a obtener esa relación de pareja que al principio soñamos, tanto a través de deseos sexuales, confidencias, amor, etc. y que si no lo remediamos veremos que con el tiempo puedan desaparecer.

Meditación: A veces buscamos lo que todavía no estamos preparados para encontrar.

martes, 16 de octubre de 2018

Sufrir por lo ajeno.

¿Cuántas veces nos encontramos mal, sólo por ver sufrir a nuestros semejantes? Una pena de amor, una amistad que nos decepciona, una humillación personal, etc. En general lo pasamos mal cuando vemos que nuestro prójimo lo pasa mal, despertando en nuestro interior un fuerte deseo de ayudar. A esto nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer ante el sufrimiento ajeno; tanto para evitarlo cómo para aliviarlo? Es cierto que para eso están los Gobiernos, pero: ¿y a nivel personal? Deberíamos preguntarnos: “Qué estoy haciendo yo frente a ese sufrimiento que diariamente nos presenta la vida”
Desgraciadamente pocos podemos hacer, sin embargo, en determinadas ocasiones queriendo consolar muchas veces, solo logramos incomodar o forzar un alivio aparente. La naturaleza bien gestionada tiene suficientes recursos para resolver esos problemas y solucionarlos. Si nuestro entorno se degrada, si se despilfarra los recursos en estupideces, si se recortan las ayudas al desarrollo, lo primero es exigir responsabilidades a sus directos responsables. Sirve de poco lamentarse de esos problemas que nosotros contribuimos a perpetuar.
Diariamente, el dolor sufrido por muchos de nuestros semejantes, golpea nuestra conciencia, se mezcla con la indignación e impotencia que muchas veces nos avergonzamos de pertenecer al género humano. Reconozco que plantearse esto, nos hace partícipe y responsable del sufrimiento a que la vida nos presenta.
Y no digamos cuando aparecen los sufrimientos terribles, los ligados al duelo; la muerte de una persona amada o la enfermedad incurable de un ser querido. Estos sufrimientos suelen ser inconsolables: nuestras palabras se presentan “torpes” ante tanto dolor, nuestros intentos de reconfortar nos parecen irrisorios, actuando ante una impotencia, frente al problema que se nos presenta.
En estos casos suele aparecer la llamada “compasión emocional” que va dirigida a ese sufrimiento ajeno, con el simple deseo de eliminar el padecimiento ajeno y sobre todo a intentar producir un estado de bienestar al que sufre. Ante esas situaciones hacen que aparezcan, los llamados “impulsos personales” los cuales van dirigidos a paliar el sufrimiento que percibimos. Esta conducta compasiva genera fuertes reacciones en nuestro ser, que van dirigidas a compadecernos de la situación de nuestros semejantes, queriendo aliviar ese sufrimiento ajeno.
Muchos le llaman “momentos de consolación”. El consuelo es sencillamente esas palabras y gestos que dedicamos a alguien que sufre, cuando no podemos hacer nada para aliviarlo. El consuelo no es una ayuda material concreta para arreglar ese problema, ni una asistencia para disminuirlo: es simplemente tu presencia la que hace que el sufrimiento no se acreciente aún más, haciendo más benévolo esos momentos por los cuales la vida nos ha hecho pasar.
Ese gesto de tristeza y compasión, genera una situación de consuelo y afecto por el ser humano que sufre ante nosotros, y que por mucho que lo deseemos no podemos detener su dolor, sólo mostrarle nuestras condolencias y nuestro afecto. No es fácil saber mostrarse ante esas situaciones, puesto que para compartir ese sufrimiento es necesario aceptar nuestra impotencia para saber actuar, sobre todo cuando quien sufre es un ser querido.

Meditación: Sufrir sin quejarnos es una lección que debemos aprender en esta vida.

viernes, 12 de octubre de 2018

Algo se derrumba.

No sé si a algunos de vosotros os ha pasado esto alguna vez. Sucede, que aquello que era imprescindible deja de serlo de repente. Así sin solución de continuidad. Un día ya no interesa aquello por lo que el día anterior casi hubieras dado tú vida. No es la sensación de una renuncia. No, es justo lo contrario: un día sencillamente, uno mismo se sorprende de la falta de pasión por algo que nos sucede, hasta aquello que, casi un instante formaba parte de tus ilusiones.
            Es como si en vez de ser la persona la que prescindiera de las cosas, fuera las cosas las que nos abandonan, es realmente un abandono indoloro, puesto que uno se queda estupefacto por ese repentino vacío de interés, mientras en verdad, resulta que no era para tanto, que se puede vivir perfectamente sin eso. Y eso que se desvanece pueden ser objetos, personas, gustos, costumbres; en verdad absolutamente de todo.
            Este fenómeno forma parte de algo mucho más profundo. Quizás se deba a que ya hemos andado mucho por el camino de la vida y nos convertimos en un espontáneo filósofo que observamos el mundo con la aceptación y, la distancia de quien se va, se hace cada vez mayor. Un mundo en el que casi todo va valiendo menos. Aquella amistad tan genial, ya no le encuentras genialidad por ninguna parte, o es ese hobby al que dedicábamos horas y horas a la semana ha hecho mutis por el foro.
            Y lo más emocionante, por llamarlo de algún modo, son que esos repentinos desintereses no son previsibles. Nunca sabremos que pueda ser lo próximo que nos abandone. Si me propongo encontrar alguna lógica a esta desbandaba no la encuentro, porque no es solo lo superfluo lo que se desvanece, sino también lo fundamental.
            En los “adioses” siempre debe haber orden, lógica, sensatez, etc. Eso lo dicen los actos y las personas. Ante esto no tengo nada que objetar, simplemente es la razón la que a veces no cuenta, aunque aquellos fueran tiempos sumamente importantes en nuestra vida. Suelen ser momentos en que la armonía que teníamos se rompe. Es como un rompecabezas en el que una pieza no encaja bien ¿Qué ha ocurrido?, ¿Por qué de repente todo se vuelve en nuestra contra? Aquellos pilares fuertes y seguros, se convierten en débiles llenos de grietas. Mis estimados amigos, no debemos rendirnos, ni siquiera cuando perdemos la confianza en que todo volverá a ir bien. Aunque tu mundo esté hecho trizas, recuerda que rendirse no es una opción. ¿De verdad quieres abandonar antes de intentarlo? No esquives el tema, ¡desahógate! Este es el primer paso a afrontar, para que nada se derrumbe.

Meditación: Una flor se marchita, un castillo se derrumba, la verdadera amistad se conserva hasta la tumba.