sábado, 7 de enero de 2012

Vencer la soledad

              Los silencios, las esperas y nuestros ratos libres nos obligan a pasar muchísimo tiempo con nosotros mismos. Cuantas veces vivimos, asimilamos o disfrutamos de esos espacios de soledad con mayor o menor agrado.
            Para muchos la soledad equivale al infierno: buscamos esquivarla a cualquier precio. Sobre todo cuando nos conduce hacia nuestro mundo interior, en el cual nos asustamos y nos sentimos incómodos. Hay momentos en nuestra vida que estamos llenos de angustia y desprovisto de sentimientos de seguridad, por eso nos parece aterrador. Siempre tuvimos momentos en nuestra vida experiencias que fueron difíciles de asimilar, siendo este el motivo de vivir la soledad con ansiedad.
            No buscamos activamente esos momentos de aislamiento, pero nos adaptamos con gran facilidad cuando se presentan, aunque al principio sentimos verdadero aburrimiento. El estar suficientemente relajado, podemos pasar una tarde en paz, dando un pequeño pase o enfrascándonos en alguna actividad artística. De esa forma nos sentimos con una sensación de seguridad interior bastante fuerte. Pero tal vez deberíamos pensar que…
            Es cierto que nos gusta la compañía de las gentes, las actividades, los eventos sociales, pero si nos encontramos algunas horas en soledad, es cuando debemos tener la suficiente capacidad para vencer esos momentos que nos angustia.

Meditación: Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera.

miércoles, 4 de enero de 2012

La memoria

           La memoria es esa habilidad para recordar y para almacenar los recuerdos, es sin duda, una pieza clave en nuestra vida. Pero, ¿qué se esconde detrás de este complejo engranaje? Y lo más importante, ¿cómo podemos potenciarla?
            Si hay algo en lo que coinciden los expertos en esta materia es en que la memoria, esa capacidad para recordar y memorizar datos y hechos, viene determinada por varios factores, entre ellos los genéticos. Pero independientemente de si nacemos con memoria de elefante o de lince, y dado por sentado que nuestro cerebro y nuestro cuerpo            está abocado al envejecimiento, lo cierto es que podemos mantenerla y potenciarla.
            La memoria se puede entrenar y desarrollar hasta extremos que roza lo insospechado. Todos hemos oído hablar de personas capaces de memorizar un texto de un vistazo, o un libro en horas o pocos días. En realidad, la cuestión es más compleja, ya que para entrenar la memoria son condiciones previas, como la motivación, disciplina y capacidad de trabajo, que influyen necesariamente en los resultados finales.
            Es muy importante destacar las emociones que perduran. Es decir, de la misma manera, si reflexionamos unos instantes y hacemos una prueba es fácil comprobar cómo recordamos mejor aquello que va unido a situaciones emocionales intensas. “Seguro que recuerdas perfectamente las ciudades que has visitado en tus viajes y no recuerdas, o te resulta más difícil, las lecciones de Geografía que aprendiste en el colegio.
            Por eso, todo lo vivido, lo sentido, lo extravagante, lo que nos sorprende, lo que nos emociona…lo recordamos mejor.
            Aunque en ocasiones, muchas personas nos califican como despistados y achacamos ciertos olvidos a nuestra mala memoria, existen teorías que aseguran que los despistes, siempre dentro de un límite, son algo normales, e incluso, necesario. Y es que, aunque nadie tiene el poder de eliminar de un plumazo aquellos momentos desagradables o poco relevantes parece que nuestra memoria, en ocasiones, nos echa un “cable” para aparcarlos. A veces saber olvidar también es positivo.


Meditación: Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

lunes, 2 de enero de 2012

Una carga muy especial.

               Al hablar de la “carga”  enseguida  se nos viene a la mente, la forma que tienen  en estas tierras del Sur, las formas de transportar los llamados “pasos” de Semana Santa por las calles de estas bellas ciudades andaluzas. Aunque todas estén dentro del mismo marco regional, son distintas las formas, y estilos de proceder. Entre esas denominadas “cargas”, podemos diferenciarlas por ejemplo: “la carga al hombro” en sentido longitudinal como se lleva en Cádiz,  “la carga de costal” de forma transversal propia de la ciudad de Sevilla, o la “carga de la molía”, estilo de cargar en Jerez de la Frontera.
            Otras de las “carga” dignas de tener en cuenta son aquellas, en las que al comenzar el curso escolar, vemos a chicos relativamente  pequeños cargando con enormes mochilas repletas de libros y enseres de carácter didácticos. Qué duda cabe que ambas cargas son extremadamente peligrosas, pero debo reconocer que la primera está debidamente vigilada, y solo la pueden realizar los llamados “cargadores” o “costaleros” con prescripción médica, no así esos pequeños que desde una temprana edad, ya están sometidos diariamente a ese esfuerzo, aún sin estar constituidos físicamente.  
            Solo hago mención, a estos dos tipos de “cargas”, para a continuación referirme a un tipo de carga muy especial, que no muchas señoras tienen en cuenta, y que ellas ejercen,  durante toda su vida. Estas “cargas” aunque pequeñas, pero insistente y continua, son las de portar en un solo hombro ciertos kilos de peso, durante treinta o cuarenta años. Y digo sobre un solo hombro, (supongamos el derecho), porque algunas son incapaces de sobrellevar ese bolso  (y a veces dos si fuera necesario) sobre el izquierdo.  Es más, si lo portara sobre el hombro no acostumbrado, sentiría la misma sensación de incomodidad como si tratara de  llevar los zapatos colocados al revés, lo cual al instante lo volvería a situar sobre el derecho.
En la mayoría de los casos lo que hacen es cargar demasiado peso, sobre una parte de vuestro cuerpo, algo que si no os dais cuenta puede tener graves consecuencias para la estructura ósea de vuestra espalda, debiendo tener en cuenta que es aconsejable  repartir esa carga de forma equitativa para que éste, no deba estar descompensado y hacer que una parte no se sobrecargue más en detrimento de la otra. Para conseguirlo hay que intentar  situar ese peso, alternativamente sobre el  izquierdo, es decir: que ese peso no esté sometido siempre  sobre el mismo hombro, y así evitaremos que  se produzcan desequilibrios de fuerzas, sin que se provoquen lesiones de columna.
            Es muy posible que me digáis lo siguiente: “pues yo durante toda la vida he llevado mi bolso (y a veces dos) sobre el hombre derecho y nunca me ha pasado nada”. Si;  es cierto, pero os voy a invitaros a que observéis un detalle por simple curiosidad.            Posiblemente tengáis muchas fotos de familia, de amigos, de fiestas, de reuniones, etc. observad como en muchas de ellas (no en todas) vuestra cabeza está inclinada hacia el lado derecho; ¿os habéis preguntado por qué? No, no es cuestión de pose, es sencillamente porque vuestro músculo esternocleidomastoideo derecho del cuello lleva muchísimo tiempo sometido a una continua presión, que hace que la cabeza en el momento que está liberada de esa presión, tienda a inclinarse lateralmente hacia el hombro.
            Otro síntoma es que vuestro zapato derecho ofrece un cierto abultamiento lateral hacia afuera, (esto debe observarse a través de un calzado bastante usado; nuevo no puede apreciarse), eso es debido a que vuestro eje personal, está inclinado de 2 a 3 grados. (Si; muy poco, pero está) hacia la derecha, debido a esa persistente carga que durante toda una vida, ese hombro ha estado sometido diariamente.
            P.D.- Otra de las consecuencias que son producidas por el excesivo y continuo peso, a que ese pié siempre está sometido es la formación de una metatarsofalángica, la cual es producida por el desplazamiento del hueso o el tejido de la articulación del dedo gordo. Esto fuerza el dedo a doblarse hacia los otros, creando un abultamiento denominado comúnmente “juanete”.

  Meditación: Por las costumbres se forma casi otra naturaleza.