viernes, 13 de diciembre de 2013

Una nueva vida.

             A veces la vida cuando menos lo espera y sin pedirnos permiso nos empuja hacia un nuevo comienzo; es como si te quitaran media vida, pero así tienes que sobrevivir y seguir adelante. Todo nuevo comienzo, nos crea una sensación de incertidumbre o miedo, sobre todo cuando ya no tienes a tu lado aquella persona con la que prácticamente has vivido toda la vida.
            Cuando perdemos a un ser querido quizás no sepamos muy bien encontrarnos a nosotros mismo, no sabemos qué decir, ni qué hacer. Esas son mis primeras reacciones. Por ello, debo aprender “el proceso de la muerte” Todo tiene su tiempo y su camino por recorrer; aunque es muy difícil de entender.
               Lo que verdaderamente pesa sobre mi ánimo es una terrible  soledad cargada de tristeza; es como sentirse aislado, deprimido, incapaz de expresar mis sentimientos, desconectado de lo que ocurre a mi alrededor, e incluso aunque esté rodeado de gente.
               Ante estos nuevos comienzos, los cuales la vida me presenta, ni el mejor equipo de planificación me hace sentirme satisfecho, todo son dudas, indecisiones y temores hacia el mañana.  La vida nunca vuelve a ser la misma, por mucho que te digan y te animen a seguir y a decir lo que debes hacer. ¡Mañana será igual! Y así para siempre.
               Cuando alguien a quien hemos amado, decide que ha llegado el momento de cambiar de plano, se nos va la mitad de nuestra forma de vivir. Reconozco que es un reto muy grande en el día a día.
                Pero son justos esos momentos  en los que estoy solo, sin nadie, olvidado, perdido, los que me da tiempo a pensar, recordar todo y cada uno de los momento vivido con ella. Sinceramente no puedo darme una respuesta lógica o al menos que me consuele, puesto que cuando llega la muerte de esa persona con la que has compartido toda tu vida… ¿Cómo se supera esa ausencia?  No existen manuales, ni enciclopedias que me digan las palabras “mágicas” para aliviar ese dolor que invade mi alma.
                 No existe más camino que el que decida yo mismo. Nadie me puede decir que tome esta, o aquella decisión. Me he pasado muchos momentos de mi vida, dando concejos, opiniones, etc., y ahora es el momento de respetar ese espacio vacío que me invade, en el cual se encuentran todos los grandes momentos que pasé junto a ella.
                 En este caso debo asumir y comprender que no se puede eliminar el sufrimiento, que el ser humano no tiene capacidad para ello. Puedo en determinados momentos, escapar de él, pero no eliminarlo. Solo con reflexión y sobre todo con humildad, debo comprender que no puedo hacer nada con respecto a mi propio dolor, solo aceptar que él, de ahora en adelante me va a condicionar mi vida.
                   Todos me acreditan mil comentarios, mil demostraciones de lo que debo hacer, aunque pensándolo bien, lo que realmente necesito es aceptar las “cosas” tal como son y, sobre todo, aprender a vivir una nueva vida, aceptando la voluntad de Dios.

Meditación: Siento un dolor inmenso por haberte ido de este mundo. Tu gran amor y ejemplo hará que permanezca en mi recuerdo.

2 comentarios:

  1. Aceptar lo que la vida te pone por delante es saber vivirla.
    Saludos

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  2. Si María, tienes razón, ¡pero es muy difícil! Todos los días no se tiene el ánimo para comprender lo que el ser humano tiene capacidad para aceptar. Gracias por tu comentario. Un afectuoso saludo.

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