miércoles, 11 de enero de 2012

El miedo

           ¿Hemos sentido miedo alguna vez? Es posible que digamos: “Yo nunca he tenido miedo” ¡Seamos sinceros! De pequeño posiblemente sí, pero ¿y de mayor? La vida tiene muchos momentos difíciles y a veces se nos presenta el miedo de diferentes formas.
            Ajustándome como acostumbro, a un determinado espacio, intentaré de explicarme. El miedo es una perturbación del estado de ánimo, en el que se pierde la confianza de los propios recursos para afrontar situaciones concretas, que son percibidas como peligrosas para nuestro estado de ánimo. Este peligro puede ser real o imaginario, pero siempre ocasiona una disminución del sentido de seguridad.
            Prácticamente todos hemos sentido miedo alguna vez, a lo largo de todas las épocas. Cuando la amenaza es real es lógico sentir temor, se trata del miedo normal, pero cuando la reacción es excesiva o no guarda relación con la causa que lo desencadena, es cuando se convierte en anómalo.
            El miedo puede ser, y es, aprendido. Los niños son los más susceptibles a él, aprenden a tener miedo, muchas veces a causa de los adultos. Muchas veces utilizamos el comportamiento infantil  provocándoles temor. El miedo no se detecta solo en el aspecto psicológico, tiene también un importante cortejo de síntomas neurológicos, como sudoración, taquicardia, temblor, necesidad de orinar, crisis diarreicas, “pelos de punta” que acompañan a la ansiedad y a la angustia y que puede ser más desagradables que la propia emoción.
            Finalmente el miedo se aprende con la experiencia, si uno ha sufrido una situación traumatizante, siempre estará temeroso de que vuelva a producirse. Otros en cambio huyen en cuanto aparece y su conducta resulta de lo más incongruente, no pudiendo controlar ese temor, de esta forma se pierde la confianza en sí mismo y en la de los demás.

Meditación: Si has sentido miedo es que tu conciencia quiere hablarte.

lunes, 9 de enero de 2012

¿Sabemos amar?

            Nada justifica una relación cuando no te aman y continúas allí esperando absurdamente el milagro de una resurrección amorosa que está claro que nunca llegará.        O cuando la autorrealización se ve obstaculizada en nombre del amor o de una “prueba” o exigencia del otro: como por ejemplo, una situación límite, una enfermedad, una prueba compensatoria, etc., ya que eres tú la persona que vas a decidir, hasta dónde vas o no a sacrificar tu vida.
            Ni tampoco cuando ese amor puede vulnerar los auténticos principios de tu autonomía. El amor completo posee tres “amores” que lo determina: emoción, razón y conducta. Cada cual debe establecer las proporciones que desee. Es así como tener sexo con tu mejor amistad, con grandes dosis de ternura.
            Tampoco se trata de reclamar continuamente pruebas de amor a tu pareja. Una relación no es un juzgado. No creo que haya que jurar nada, sino ir venciendo la relación día a día. La única certeza que puedes exigir de una relación, es que nunca te hagan daño intencionadamente.
            Más que proyectos comunes, yo daría más importancia a los acuerdos fundamentales. Por regla general no debemos indignarnos por las mismas cosas, en cuanto a los proyectos comunes, cuanto más vitales sean más unidas estará la pareja.
            Existe un egoísmo fundamental, radical y salvaje, que obviamente no puede aceptarse y es una prueba clara de desamor. Por ejemplo los principios no pueden ser negociados, aunque sea en nombre del amor. Reconocerse uno mismo como un sujeto activo y válido en una relación es hacer del amor una experiencia digna y duradera.

Meditación: Ningún ser humano es tan rico que no necesite de un buen amigo y ninguno es tan pobre que no lo pueda tener.

Leyenda de Pasión



Sinopsis.-William Ludlow (Anthony Hopkins), un coronel abandonado por su mujer, ha criado a sus tres hijos en su gran rancho de Montana, en las colinas de las Montañas Rocosas. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) y una bella mujer cambiarán el destino de todos ellos para siempre. Sus hijos son el indómito Tristan (Brad Pitt), el sensato Alfred (Aidan Quinn) y Samuel (Henry Thomas), el menor, que acaba de traer al rancho a su bella prometida Susannah (Julia Ormond).-  Su Banda sonora es de James Horner.-


Meditación: En todas nuestras vidas hay experiencias vividas que quisiéramos olvidar, dejar atrás y no recordar nunca más.


Nota: Este vídeo pertenece a la colección particular de AnkaaSyL