jueves, 5 de julio de 2012

Diálogo de pareja.

            Las lecciones de las parejas que duran, caben en pocas palabras. De hecho, pueden resumirse en una: comunicación. Y esto es, porque saben hablarse, de forma regular y siempre sin acritud, por lo que algunas parejas logran encadenar años de entendimiento y armonía.
            Y es con la voluntad de tener ese tiempo de palabra que hemos concebido tener ese balance de pareja. Revisar de vez en cuando la evolución de nuestra vida, es una forma de cuidar la relación. Porque, curiosamente, aquellos que nos hemos preocupado tanto en encontrar, el amor, es una de las cosas que descuidamos con mayor facilidad.
             Demasiadas veces sujetos al devenir del día a día, no nos detenemos a pensar en las cosas que nos preocupan o en lo que echamos en falta. Pararnos y buscar la ocasión para hablar de ello es darse la oportunidad para comunicar los deseos, propuestas y temores relacionados con nuestra vida en común.
            Tristemente en demasiadas ocasiones, el no hacerlo conduce al desánimo y a la idea de que ya no hay futuro, creyendo que la relación está agotada.
            La relación de pareja se sostiene sobre dos pilares fundamentales: el amor y el diálogo. Si falta algunos de estos dos elementos no estamos hablando de matrimonio ni de pareja, sino de un hombre y una mujer que viven juntos sin ningún tipo de relación profunda. El amor y el diálogo crean comprensión y armonía en la vida de familia.            
            Intercambiar puntos de vista, son razones que indudablemente podrán solucionar posibles conflictos… pero siempre escuchando al otro con buena voluntad y sabiendo aceptar con humildad y sencillez todo lo positivo que el otro aporte. Cerrarse al diálogo es cerrar la puerta a todo entendimiento y hacer insoportable la convivencia. Siempre el diálogo sincero y amistoso nos ayudará a solucionar problemas y descargar tensiones.
            En ocasiones la revisión llega tarde porque los sentimientos se han resentido de la situación. Es cuando entonces llega el temido “tenemos que hablar”, que más que una invitación al diálogo, suena ya a amarga despedida.

Meditación: La pareja no se apoya sobre la permanencia de la sexualidad, sino sobre la permanencia del amor.

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